Salida 12/08/2012 - Crónicas medalleras

01.01.2013 00:00

Ante las sutiles invitaciones y veladas amenazas que diversos practicantes morociclistas dirigieron a este humilde relator afeándome la ausencia de crónicas desde que diéramos por terminada la temporada ciclocampera, procedo a dar cuenta pormenorizada de los sucesos acaecidos en la pasada jornada dominical, donde sin necesidad de tocar a rebato, tuvo lugar la mayor concentración mora de la temporada estival. Con invitados, ilustres y no tan ilustres regresos, y esperando ansiosos la anunciada visita de nuestro particular depredador sexual que, tal y como nos tiene acostumbrados en otras facetas, no llegó a producirse, partimos con la fresca con la sana intención de añadir unas cuantas leguas a la buchaca. Como viene siendo habitual desde que la anarquía gobierna este grupo de marujas compradoras compulsivas de taperguares en que nos hemos convertido, no hubo acuerdo sobre la ruta a seguir, por lo que la querencia nos llevó a enfilar la carretera de Cáceres a pesar de las protestas del grupo charquero que alegaba tener más que engolindrao el asunto...Entre alcahueteos varios, el personal de a pie fue puesto al día de cómo el pasado viernes, con la fresca rozando los 43 grados, mi primo el Kona fue sometido a un tercer grado por parte del Negociador y de Perico, muy en su línea, mientras le explicaban como afrontar con alegría unos repechos (Dice el Negociador que fue sin acritud, que no queramos ver cosas raras..). El caso es que dicen las malas lenguas que las últimas palabras de la víctima fueron “si me queréis, irse..”. Bueno, a lo nuestro, que nos descentramos...la cosa va medianamente ligera con airecillo de culo, cierto olor a caguetilla en algunas de las incorporaciones mientras se sube Mirazorra, y un pedal del Novio de la Muerte haciendo aguas. Con estos mimbres coronamos y la cosa se pone ya seria. Hasta el momento, disfrutaba de una ilusión óptica que me hacía marchar en el grupo cabecero. Puestas las cosas en su sitio, vuelvo a ocupar por derecho propio el lugar que me pertenece en la cola del grupo mientras picamos hacia arriba camino del cruce de Carmonita. Llegados a lugar, el Paralímpico cursa su solicitud de baja en el evento, nos dice que él también se ha asustao y que regresa a las eméritas a recuperarse. Ahora con el aire dándonos en la proa, enfilamos camino del pavés carmonitero, donde el Lejía, tres salidas después de dectectado el problema, soluciona la avería de su pedal con un destornillador prestado (ya saben sus señorías que es seguidor hasta sus últimas consecuencias de la economía de medios y del reciclaje). Continuamos camino de Cordobilla de Lácara, donde justo antes de iniciar la ascensión del repecho, alguno de los invitados aprovecha para entrar a repostar en la gasolinera. Como somos un grupo noble donde los haya, nos disponemos a poner tierra de por medio aprovechando la circunstancia hasta que somos conminados a detenernos por el Sr. Cid. El avieso Playmobil no obedece las órdenes de equipo y continua subiendo, mientras el personal aprovecha para aflojar los muelles a la vera del camino y el arrojador de piedras hace prácticas de tiro contra blancos fijos y móviles (efectivamente, no tuvo recato algunos el lanzarle malintencionadas pedradas a algunos miembros del pelotón). Al final de la subida, mi cuenta, debido sin duda a la excesiva velocidad desarrollada, deja de funcionar y me paro a arreglarlo. Llega el Negociador-Reportero, no soy capaz de arreglarlo, y la fiera me invita a coger rueda para alcanzar al grupo a ritmo de hipervarillaje, sacándome el pellejo. Alcanzado el grupo, llegamos en un último arreón a La Nava. Pantani, dice que de momento la cosa es una mariconada, así que convence al personal para seguir hasta Montijo. El Ibérico, que le ve lagunas al plan, dice que el resto de la película ya la ha visto, y se va camino del Pajares. El Zuri y el que ésto suscribe, llenamos lo bidones y seguimos en pos del grupo. El aire continúa dando de cara y los relevos se dan cada vez con más mala leche. Ya no soy capaz de estirar más el cogote y el Negociador me azuza constantemente. Le imploro y le pido que me deje morir dignamente. Nada. Se empeña en mantenerme artificialmente con vida, hasta que comprueba mirando atrás que el Bonen ya se ha muerto hace un rato. Nos da por imposible y se marcha el angelito con el grupo. El Máquina, caballero ciclista donde los haya, se queda y juntos alcanzamos Montijo, donde anda el personal a la sombra de una morera...”ahora ya vamos juntos hasta Mérida”...si, si, ya...No volvemos a verles el culo hasta la imperial urbe. Gaspar, mientras tanto, hizo turismo por La Garrovilla. Al final de la presa de Montijo, nos esperaban, no se si por ataque de solidaridad o por cuestiones fisiológicas, Quique y el Kona, y juntos penamos hasta la rotonda de Agricultura, donde se contabilizaron bajas, ciento diez kilómetros y batallitas varias. Con las mismas continuamos hasta nuestra parroquia donde el Ibérico nos había cogido sitio presidiendo mesa y mantel. Después, previa ceremonia de entrega de medallas made in el tercio, recuperamos hasta el último litro los líquidos perdidos, todo ello acompañado de un escándalo acústico del quince. Y a todo esto, el personal que nos rodea y comparte con nosotros terraza, después de observarnos domingo tras domingo, empieza a preguntarse si esto del deporte es tan sano como dicen....