Fecha: 10.11.2015

Autor: VAN GOGH

Asunto: Crónicas de vuelta....

Muchas cosas han cambiado desde la última vez. Otras no. Permanecen inalterables con el paso del tiempo. Como el fugarse casi de madrugá de la piltra para ir a penar por esos campos de Dios. Allí estábamos como cada domingo a las nueve en el puente disputándole a unos advenedizos nuestra histórica supremacía en esto del “muntanbike” dominguero. Mientras hacemos tiempo para esperar rezagados, el Negociador, que se ha iniciado en el “ars cagandi” dominical, decide hacer uso de la parte que le corresponde en cierto cagódromo de prestigio, cuyo mantenimiento costeamos entre todos. Pues bien, después de esta demostración práctica de que las instituciones están al servicio de pueblo, salimos catorce entre moros y arrimaos calle Almendralejo arriba. No hemos acabado de abandonar el poblado cuando nos da alcance el Sr. Cid que está llevando el arte de la impuntualidad a cotas insospechadas. Bendecidos con su presencia e informados de la ruta por cortesía del Capitán Gancho, enfilamos la pista del Psiquiátrico con buen ritmo no sin antes desearle un buen día a un aguerrido conductor que a golpe de claxon reclama que nos desintegremos pa que pueda circular a sus anchas la criatura. Hace un buen día y el personal se va calentando, mientras vamos adelantando un numeroso grupo de bikers y de bikersas que, digamos, se toman esto con otro ritmito. Llegados al final de la pista, continuamos el calentón al lado de la autovía hasta alcanzar la carretera de Cornalvo. Los poquitos que aguantamos con las 26´ vamos con el gancho puesto aguantando como podemos el trantrán de las 29´ hasta que llegamos a la presa. Cogemos la margen derecha, lítica trialera y senda que hacen estirarse al grupo cosa fina. Anda el embalse seco como el ojo de Millán Astray y la concurrencia aprovecha para recortar por territorio de percasoles y blasbases varios y de esta guisa alcanzamos la cañada que nos dejará en el Mentidero. Allí, cogemos la carretera a la izquierda para, a continuación, tomar dirección Bosque de Marte, donde aterrizamos tras cruzar una cancela. No me cansaré de repetir que es un sitio bonito donde los haya. Lástima que algún guarrete haya dejado constancia de su paso. Continuamos subiendo hasta alcanzar la cancela de salida que sufre la habitual embestida del Sr. Cid que sigue empeñado en demostrar la posibilidad de aplicar la ósmosis en las vallas. Después de un excitante striptease del Pincho, continuamos camino del Bosque Encantado por una zona calcinada este verano. Se te caen los palos del sombrajo ante el asunto. Llegamos a la senda de la Casa de los Conejos, contraste verde, y comenzamos la subida a los Pinos. Crujidos de cambios, de riñones y sufrimientos varios hasta el cruce donde el jumento nuevo del Polla dice que hasta aquí hemos llegado, dejándose por el camino alguna pieza. Mientras el Sr. Presidente federativo demuestra sus dotes mecánicas haciéndole una faena de aliño con alambre, aprovechamos para despacharnos una barritas mientras elevamos unas plegarias por la pronta recuperación de la jartá de moros caídos en combate últimamente (chacho, o estamos mayores o vamos evolucionando a torpes). Acabado el asunto, enfilamos con velocidad la cuesta abajo. Circulo detrás del Sr. Cid a cierta distancia, circunstancia ésta que, a la postre, me salvará la vida, pues la pieza no tiene otra ocurrencia que arrimarle una hostia considerable a la rama de una encina que, digo yo, no estaría puesta ahí desde hace un rato. El caso es que el vegetal, en legítima defensa, se arruga pa la parte de fuera del camino para, a continuación volver con una fuerza que te cagas a su sitio natural, no sin antes hacer uso temporal e intensivo de la parte del camino por donde transita aquí mi menda. El caso es que el inesperado ataque de la rotundifolia me obliga a cambiar de carril con gran peligro pa mi integridad física, que no moral, y con gran dificultad pa mantenerme en lo alto del jumento dada la flojera de piernas que me produce el descojono, alcanzo sin más novedad las tierras bajas. Volvemos a iniciar otra subida en la que nos topamos con otra nueva valla, obligándonos a desviarnos hasta otra cancela que, afortunadamente encontramos sin candado. La puta manía de ponerle puertas al campo no hace mella en la moral del respetable, que continúa subiendo retorciéndose en los sillines hasta alcanzar la base del Meteorito. Los máquinas van escarbando por delante. A lo lejos veo que Gaspar tiene sus más y sus menos con su forma física, mientras Antoñito Tapia se echa a llorar cuando ve por dónde queremos meterlo. Lo consolamos con una honrosa escapatoria a la derecha, esa que habitualmente cogemos los que tenemos en gran aprecio nuestras constantes vitales. Otra jodida valla que tenemos que abrir para coger la bajada del somier y, con el Cano haciendo las veces de amable señalador, repechón a la izquierda para transitar por la ladera de la sierra e iniciar un descenso empinado que te invita a salir por las orejas hasta desembocar en la pista de la Casa de la Vieja. Torcemos a la derecha hasta llegar a Cuatro Caños, educados saludos a unos senderistas y repecho parriba hasta la cancela verde. Ritmo de varillaje total para llegar hasta el callejón. Voy dando botes de to los colores en el descenso, pero el estruendo que oigo detrás mía me aconseja no bajar la velocidad a riesgo de que alguno se me suba en el lomo y me coja cariño. Desembocamos en la pista que nos lleva hasta el pueblo, donde aprovechamos para repostar agua mientras unos lugareños afean a Carlitos Kona su fea costumbre de pasarse por el arco del triunfo la uniformidad moril. Reanudamos la marcha y caigo en la cuenta de que el Negociador lleva toda la jornada arrepintiéndose de sus pecados en la cola del pelotón, donde también se ha hecho habitual la Morisca, sin duda confirmando la tesis de que, el número de horas en la escalera del Maruja es inversamente proporcional a tu rendimiento el domingo. Ritmo alegre por la zona de los Barros. Pantani, Pedro y demás fieras no quieren saber nada de los mortales y van echando leches por una nalga hasta que los perdemos de vista camino de la Agüina, donde volvemos a encontrarnos con el mismo grupo de esta mañana ahora ya penando de lo lindo, mientras se arrastran p´arriba , y es que la jodida cuestita, pa no tener ná, te hacer reflexionar sobre la falta de tacto de nuestros antepasados cuando no contaron con topógrafos pa diseñar la mierda el camino éste.....En fin, con el bofe recolgando del cuadro, alcanzo la cima del repechón y me dejo caer con ganas p´abajo, como vengándome...Y ya me las prometía felices, sin sobresaltos pa mi avanzada edad cuando el Sr. Cid me saca de mi error dándome un pasote de esos rozadores que te quitan las pegatinas mientras saltan los piedros a su paso como si fuera un “lanrover” desbocao. Y con esa cara de malo, sin darse importancia....Luego, reagrupamiento en el puente de la autovía, para dejarnos caer a buen ritmo ancá Carmina, nuestra mesonera favorita que anda estos días convaleciente de un quebrantamiento óseo. Mesa y mantel pa celebrarlo. Que tendrán esos tubos, por Dios!!!!!. Se pone en marcha esa maquinaria perfecta, esa unión mística con el líquido elemento que nos quita to los males y nos alegra las penas....Hacen su llegada los dos carreristas que andan lesionaos y han salido hoy a darle gusto a las flacas.
Y, como no, el inefable lejía que ha salido en comisión de servicio a por el pan dominical. Como decía la canción del afamado folladó-vividó.....”la vida sigue igual”.

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