Fecha: 23.11.2015

Autor: VAN GOGH

Asunto: 15-11-2015 Crónicas Otoñales

15-11-2105. Crónicas otoñales. Como cada vez que se anuncia evento gastronómico posterior, la asistencia al puente hoy es más que generosa. Efectivamente, vuelven al redil ilustres personajes como el ínclito Niño de las Letras una vez suspendida su lucha contra el fuego. Con estos mimbres, adoctrinados en la ruta elegida por parte del Capitán Gancho, iniciamos camino. Nos ha preparao una faena de aliño, ligerita, sólo pa hacer ganas de comer. Salimos del pueblo por la zona de las Abadías camino de la Calera, y subiendo el repecho y rechinando dientes, salimos a la carretera para coger rápido por la antena de telefonía y llegar a las traseras de la Sierra Carija. Vamos a buen ritmo, sorteando los primeros charcones de la temporada. En el grupo vuelve a imponerse el añorado “·raca-raca” del Niño de las Letras ilustrando al personal sobre cualquier tema traído a colación. Es reconfortante oir el soniquete, va uno como más protegío. En fin, a lo nuestro, que me diluyo. El caso es que después de la subida a la presa, circulamos por el camino perimetral de la Charca y llegados al final, El Paralímpico, sin ningún tipo de consideración, intenta reventarle la ruta a la Memoria Histórica. El personal afea la conducta al reventador y continuamos por el buen camino. Ya en la carretera, asistimos atónitos a un episodio de violencia de género vacuno. En efecto vemos como un bóvido muchachote huye a la desesperá perseguido por un nutrido grupo bóvidas arcagüetas averigua tú con que aviesas intenciones. Sin saber si al final la cosa acaba en el juzgao o en un polvo reconciliador, seguimos la marcha por la polvera, valga la redundancia. El personal se disgrega tras el paso por los bancos de arenas y los canchos y acabamos bajando rápido hacia el Carrascalejo. Giro al la izquierda buscando el Aljucén y.....pinchazo!!!! El Sr. Cid acaba con la llanta en el suelo. Concilio reparador que algunos aprovechan para meterse algo entre pecho y espalda. El pinchado luce cubierta con agujeros y cortes varios, muy comentados por el personal. Arreglado el entuerto con trozos de cinturón de seguridad muy socorridos para estos lances, continuamos la bajada a ritmo de varillaje total. Salgo de los primeros y no tardo en ser superado por los Pantani, Kona y compañía que van echando leches por una nalga. No queda ahí mi hundimiento. Me sigue pasando gente. Uno de ellos, el Presidente Federativo que cuando se pone a mi altura aventura premonitoriamente “¿No tendremos que llamar a la ambulacia?”....Unos centenares de metros más adelante y tras curva ciegas a la derecha, ahí está mi Cano preferido, en mitad del camino, brazos en alto y gritando advirtiendo del peligro (esto empieza a ser una costumbre, tanto lo del Cano señalizador como lo de la hostia dominical). Efectivamente ahí está mi cuñao favorito adherido fuertemente al suelo, con el Pincho en idéntica actitud unos metros más adelante. Sus cubiertas han evolucionado del taqueado al slick y ha tenido sus más y sus menos con la fuerza centrífuga. Y el Picho lo ha rematao ya en el suelo. En fin, nada grave. Chapa y pintura del lao derecho. Continuamos bajando y parada reagrupadora abajo donde damos novedades. Atravesamos Puente Pelayo y continuamos al lado de la vía buscando el paso al otro lado. Ya vamos camino del Dolmen y convertida la salida dominical en una pachanga en toda regla, nos hacemos fuertes en lo alto de un cancho sacando el mantel para saborear barritas y dátiles varios, mientras los caídos se restañan las heridas. Emprendemos la última parte de la ruta camino de Esparragalejo con el grupo dividido. Por delante, Carlitos Kona y la Morisca ponen tierra de por medio. Los demás, a buen ritmo por la pista nos detenemos ante una manifestación ovina justo en el desvío a la izquierda. Superada la horda merina, nos dejamos caer por un bonito descenso hasta la puerta (cerrada) de una granja donde somos informados amablemente de la conveniencia de no pasar para no provocar stress a los puercos moradores. Ponemos ojitos y convencemos al lugareño de nuestras buenas intenciones, en esta ocasión sólo de paso. Franqueada la entrada, continuamos descendiendo silenciosamente a petición del susodicho. Llegados a los caminos blancos, nos encontramos con los fugados. Circulamos por la carretera hasta alcanzar la pista de la estación de Aljucén y, de nuevo, el personal saca los cuchillos y, a degüello, andamos los cinco kilómetros a carajo sacao con el pescuezo estirao hasta dar con nuestros huesos en el ferial. Allí, nos conjuramos para aterrizar en Chez Pincho a las dos y celebrar la afamada Convención Otoñal Mora. Aseaos convenientemente, hacemos acto de presencia en tan afamado evento, donde se unen a la función los representantes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, carreristas lesionaos, ilustres expresidentes moros, ilustres expracticantes ciclistas, moros recientemente caídos, etc. En fin una pléyade de celebridades que contribuyeron con su presencia a dar lustre al ágape, donde dimos cuenta de abundantes y variadas viandas, birras per tutti y combinados varios hasta altas horas de la noche amenizados con música en directo (quenivel Maribel....), donde el Mula se despachó unos cánticos y Playmobil le dejó al Negociador el cajón suave, suave. El personal continúa sugiriéndole al propietario de la sala que traslade el evento al sábado.....visto lo visto, no le arriendo las ganancias.

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